RECORDAÇOES DA CASA AMARELA (Joao César Monteiro, 1989)
—-Jorge Núñez—-
Las disposiciones espaciales tipo los desayunos de la serie “Coffee and cigarettes” de Jim Jarmusch, sobretodo el corto de 1986 con Roberto Benigni y Steven Wright, con los cortes por saltos hacia la pared descascarillada de la cafetería y los insertos de detalles que remiten a la simbología nihilista y al cine más puro. La secuencia de la peli de Monteiro en la que Joao viene del médico y en una bolsa de plástico trae un insecticida, una radio, unas pastillas, un líquido multi-vitamínico y un suspensorio para los huevos; esta secuencia entre paredes una vez más en un plano de existencia tangente a Buster Keaton y al pesimismo luso. Cada muro como una lápida y cada frase como frase lapidaria. Y los travellings de acercamiento o alejamiento, tan visibles como literales, ponen de manifiesto ese vínculo tecnológico que arde en el interior del cineasta y que subraya empapando el papel fílmico el amor por aquello que no se puede explicar mediante el lenguaje. Es un travelling con correspondencia dramática pero al mismo tiempo niega esto para producir una incertidumbre del terror. Ciencia-ficción y punk portugués. Y siempre enmarcada entre cornisas, columnas, espejos o ventanas que vertebran toda una serie de realidades bellas elevadas a la máxima potencia, incluso con el paisaje en los azulejos del bar, para la existencia de Joao de Deus quien encuentra en los pequeños placeres los mayores destellos de vigorosidad y elegancia. Léase la fascinación por el vello púbico femenino.
El póster de su habitación, cortado por los encuadres, y del que sólo se ven unas piernas de un señor trajeado. ¿Digo si en la peli se descubre o no este póster entero? Lo que sí que es fantástico es la manera en que a pesar de esos planos largos frontales no son ni largos ni frontales, ni por supuesto recuerdan a lo teatral ni por un instante. Joao César Monteiro es un gremlin de esos que enredan en las máquinas, de los que se infiltran entre el celuloide y la magia del cine, como un diablillo que persigue una imagen imposible. Monteiro, una mezcla de Jacques Tati y Nosferatu.
—-Jorge Núñez—-


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