LA MOMIA NACIONAL (José Ramón Larraz, 1981)
—-Jorge Núñez—-
POSSESSION (Andrzej Zulawski, 1981)
Es una cámara nauseabunda, da dolor de cabeza y vómitos, rodea a los espacios y sesga a las figuras deformándolas, mucho de Cronenberg y de Hitchcock doblado, torcido y en un angosto foso de locura en habitaciones enmoquetadas estilo Polanski. La furia de un tiovivo. Los ojos desorbitados de un Sam Neill pletórico y una Isabelle Adjani atacada esplendorosa, como recién salidos de una escuela de actores, sabiéndose todo de pe a pa y la cámara registrando su performance al tiempo que firma un estilo laberíntico. Imagínense una peli en la que todo son discusiones de una pareja, todo todo, y lo la idea de posesión a la obsesión a la exorcitación a la revuelta mental a todo todo. El exceso del enfado violento por el enfado violento, como una especie de reality show ultra-existencialista, pero no existencialista de meditar y el universo tal y tal, sino un existencialismo de dos personas viviendo una vida. El sentido de propiedad y desconfianza en una relación, fabulosamente realizado por Zulawski mezclando en “perfecta armonía” lo fílmico con lo literario. Imágenes que son imágenes, bienvenidas! Y si sólo tendríamos el audio de la peli parecería una porno. El rastro de lo pornográfico de la cámara-caracol: baba que se mezcla con los fluidos de las figuras, supurando sangre, leche, líquidos seminales, aceites de flor… Zulawski nos devuelve el placer de mirar a los personajes con una excitación desbordante en una cinta autobiográfica sobre un divorcio aderezado con el hecho de que “la mujer hace el amor con un pulpo” (palabras del propio director) remitiendo a la escultura de “Laoconte devorando a sus hijos”. Vean!
THE ENTITY (Sidney J. Furie, 1981)
La idea de unos pechos apretados por unos dedos invisibles, cómo se deforman, cómo se hunden y la presencia notable de algo transparente. La idea de una película apretada por unas manos invisibles, cómo deambula, con falsas esperanzas por la idea de cine sobre actividad paranormal. La sobrecogedora música industrial y repetitiva. Lo americano medio perturbado por señalética freudiana. Es una película funcional, sin gran personalidad, desmarcándose enseguida del producto spielbergiano “POLTERGEIST” del mismo año de producción. Una actriz, Barbara Hershey, que lo da todo y nos transporta a su mente, la entendemos y la peli podría ser muda. Todos estos son los materiales que forman la peli. Y de una manera especial todo tiene una capa de dobles intenciones. Los personajes dicen verdades a medias en su egoísmo, la música repercute una y otra vez ilustrando las fuertes experiencias del ente, el planteamiento de planos es anodino y académico habiendo fugas hacia el expresionismo y el cómic.
Lo psíquico entre lo racional y lo paranormal con una mujer que quiere vivir, en el medio. La jefa de los universitarios cree en realidades paralelas pero se pregunta cómo demostrarlo. Una cosa que se hecha de menos es la utilización del off. En la peli todo se muestra, se demuestra, no hay un uso del vacío que conlleve una dialéctica interesante. Las agresiones a la protagonista nacen del espectáculo para después rememorarlas como algo tenebroso, vergonzoso y muy serio. ¿El espectáculo es serio? Por momentos recuerda al Cronenberg de “THE FLY” (1986) y por otros al Spielberg de “CLOSE ENCOUNTERS ON THIRD KIND” (1977) pero se queda en el melodrama familiar, eso lo tiene claro. Unas pocas chispitas, escenas turbadoras de thriller erótico violento sin ningún Baldwin o Michael Douglas de por medio. Sólo un ente. Pero si tiene masa se explica todo el posicionamiento de la peli. Una peli que se ve complicada y a la vez solucionada por los egoísmos de un grupo de investigación de parapsicólogos. Es una idea que me va mucho la de la reconstrucción de un lugar, un lugar con espíritu para engañarle, algo que me recuerda a mi querida “SCREAM 3”. Y si se repasan los planos hay infinidad de planos inclinados, de planos en contrapicado, de planos de exageración que muestran una realidad punzante. Una peli muy oscura, de remover interiores. Tiene mucho de abrupta, turbadora, y llega al miedo del espectador.


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