FUERZA VITAL

LUC BESSON: Tres décadas de cine, heroínas y juanitos morenos (I)

Posted in Tributo Especial by fuerzavital on mayo 26, 2011

—-Jordi Gor—-

Luc Besson es uno de los tipos más interesantes surgidos del cine europeo en los últimos treinta años. Podría que ser tachado de comercial, híper productivo, o franchute, muy franchute (luce la misma tripa que Gerard Depardieu), pero su trabajo demuestra talento y una enorme confianza en si mismo y eso, al final, es lo que más cuenta.

Desde un principio, Besson aspiró a mirar cara a cara al cine americano y, hoy, sus pelis y, especialmente, su activa productora, Europacorp, influyen en Hollywood, ya sea exportando allí  talentos de la cantera, o revitalizando géneros apagados como el eurothriller.

La historia de Luc Besson arranca a comienzos de los años 80 con una cinta post apocalíptica llamada “Kamikaze 1999”. Era una curiosa serie B que aún funciona gracias al particular uso de gruñidos como diálogos y a la inquietante presencia de un tipo alto llamado Jean Reno (para a sus gaditanos padres, Juanito Moreno Herrera Jiménez). Tras perseguir al sufrido protagonista en este polvoriento filme, Jean Reno repetiría sucesivamente con Besson, pasando de eficaz secundario (“Subway”) a co-protagonista (“El gran azul”) y de co-protagonista (“Nikita”) a actor principal (“León, el profesional”).

Para su segundo rodaje, “Subway, en busca de Freddy”, Besson contó con más medios y con una estrella gala en el reparto, la siempre joven Isabelle Adjani. Pero, los que de verdad se llevaron el gato al agua fueron Jean Reno, como un skater enigmático, y un rubio Christopher Lambert cuya carrera, por aquel 1985, prometía. La cinta, muy ochentera, se mantiene gracias a la desfachatez de su historia, la de un tipo vestido con frac que se refugia bajo el metro de París descubriendo todo un submundo de vagabundos que le ayudaran en sus alocados planes. La habilidad visual de Besson aumentó y la banda sonora de Eric Serra, que aparece en unas escenas tocando con unos músicos callejeros, mejoró el conjunto.

Pero no fue hasta 1988 cuando el director francés y sus dos colegas, Eric Serra y Jean Reno, dieron la gran campanada con “El gran azul”, una cinta atemporal y extraña, divertida, pero también, seria. Es la historia de un submarinista, un campeón de apnea e inmersión, que trata de sumergirse cada a vez más profundo, poniendo en riesgo su vida dominado por un impulso inexplicable. Jean Marc Barr hizo del terco protagonista y a su lado aparecía un impagable Reno, como un extrovertido submarinista italiano que intentaba batir una y otra vez, con la ayuda de su fiel hermanito, los récords que le marcaba su oponente/amigo. Luc Besson contó con la americana Rossana Arquette, actriz muy en auge entonces, para interpretar a la chica del filme. Ella es la tercera del triángulo y no lo hace nada mal, cumple con dignidad. Hay escenas estupendas, como una onírica visión de una habitación inundándose, o la inmersión bajo el blanco hielo, donde Besson saco buen partido de su experiencia subacuática anterior, ya que sus padres fueron monitores de buceo.

Los trabajos de Luc Besson en los años 80 mostraban temáticas muy diferentes, pero un poderoso sello visual. Fue entonces, en 1999, cuando Besson remató el asunto con “Nikita, dura de matar”, un thriller oscuro y asfixiante, pero muy estilizado. El director galo llamó la atención de los ejecutivos de Hollywood, quienes enseguida idearon un remake. La versión americana de “Nikita” con Bridget Fonda y Gabriel Byrne (estrenada aquí como “La asesina”) no estaba mal, pero la original es mil veces mejor, sin discusión. Además, la peleona Nikita inició la lista de valientes y tercas heroínas bessonianas. Tras ella vinieron la pequeña Mathilda, la iluminada Juana de Arco, la guapa Adele Blanc-Sec, o Cataleya, la morena protagonista de la inminente “Colombiana”. Todas son mujeres de acción, muy decididas, que sobreviven a ostia limpia en un implacable mundo de hombres. “Nikita”, sin ir más lejos, era historia de una toxicómana que, tras ser detenida durante un fallido asalto a farmacia, recibía la oferta de un miembro del servicio secreto francés para cometer un crimen. Ella aceptaba, aun sabiendo que sería una misión suicida.

Como pasaría después con la ucraniana Milla Jovovich, Besson cedió el papel protagonista a su novia, la actriz Anne Parillaud. Tanto ella, como el gran Tcheky Karyo, están mejor que nunca y juntos aportan un cierto intimismo masoquista a un filme que desde el principio deja las cosas bien claras, arrebatos macarras de violencia, humo y penumbras amenazantes. El toque cómico lo ponía la breve aparición de Jean Reno como un siniestro “limpiador” que no pestañea, ni frotando un cadáver con ácido en una bañera.

(Sigue el artículo mañana)

—-Jordi Gor—-

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