FUERZA VITAL

SYDNEY POLLACK: RODAD, RODAD, MALDITOS

Posted in Tributo Especial by fuerzavital on agosto 16, 2011

—-Jordi Gor—-

Hace unos días echaron en la tele “La intérprete”, la última cinta que dirigió Sydney Pollack antes de morir, repentinamente, en 2008. Es un thriller conspiranoico ambientado en la sede de Naciones Unidas de Nueva York y está protagonizado por Sean Penn y Nicole Kidman. Aunque la trama empieza muy bien, acaba pinchando. No se si fue culpa de Pollack, o fueron los productores quienes tomaron la decisión de dejar que la historia acabase tan flojamente, pero, hace treinta años algo así no hubiera ocurrido, ni por asomo. Si Pollack hubiera echado mano a esta historia en los días de “Los tres días del Cóndor”, se seguiría hablando de ella.

Pollack aspiraba a ser actor, pero la cosa no cuajo. Su talento se destapo entonces como cineasta, aparcando su carrera interpretativa para breves papeles en “Tootsie”, o en cintas de otros compañeros como Woody Allen (“Maridos y mujeres”), o Kubrick (“Eyes wide shut”).

A mediados de los años 60, Pollack comenzó a dirigir tras pasar por la tele. Trabajos como “Propiedad condenada” (con un jovencísimo Robert Redford), el western “Camino de la venganza”, o “La fortaleza” son cintas muy correctas, sobretodo, la última, una extraña mezcla entre filme bélico y drama psicológico con un veterano Burt Lancaster luciendo parche pirata en un ojo. Fue el propio actor quien apadrinó al novato Pollack poniendo pasta de su bolsillo y dejándole ir moldeando su propio estilo, una manera de filmar donde el trabajo de los actores adquiere un peso mucho más relevante de lo habitual.

“Danzad, danzad, malditos” fue el primer aviso serio de Pollack. La peli es de 1969, pero con la actual crisis económica, resulta todavía un moderno retrato de la miseria. Ambientado en los años 30, en tiempos dela Gran Depresión, la trama conectó bien con el ansia de la nueva generación. De hecho, sus dos protagonistas, Michael Sarrazin, y,  especialmente, “Hanoi Jane” Fonda, encarnaban el rostro de la joven América reivindicativa. Basada en hechos reales, “Danzad, danzad malditos” relata las desgarradoras vicisitudes de un grupo que participa en un maratoniano concurso de baile, donde deben bailar y bailar durante días para sacarse unos dólares antes de desfallecer por sobreesfuerzo.

El éxito de este filme permitió a Pollack emprender nuevos y arriesgados proyectos. A comienzos de los años 70, la parte más brillante de su carrera, el director enlazó una serie de títulos espléndidos. El primero “Las aventuras de Jeremiah Johnson”, donde colaboró por segunda vez con su amigo y actor fetiche Robert Redford. El actor ya era el guapo oficial de Hollywood, pero no dudo en dejarse una espesa barba, una extraña barba castaña que no coincide demasiado con el habitual tono rubio de actor. La cinta narra la historia de un tipo que viaja hasta las salvajes montañas del Oeste Americano, con la idea de convertirse en trampero. Pero una vez allí, Jeremiah sufrirá mil vicisitudes con animales salvajes, con el duro clima y con los tercos indios, que la toman contra él por haber ayudado al ejército a pisar tierras sagradas. Rodada en bellos exteriores, la cinta sigue desprendiendo un gran lirismo.

La buena sintonía entre Pollack y Redford hizo que la pareja repitiera enseguida con otro estupendo filme. “Tal como éramos” contiene la misma belleza y melancolía que la canción de mismo titulo que entona la nariguda actriz Barbra Streisand, coprotagonista del filme. Es la historia de una pareja que tras conocerse en la universidad, se casa, tiene hijos, pero, finalmente, acaba separada. A pesar de lo que pueda parecer, Pollack se las arregla para darle al filme de un toque muy serio y tanto Robert Redford, como la Streisand, crean dos personajes creíbles y vulnerables. Ambos personajes entienden que todo lo que les une también les separa. De ahí que el encuentro callejero final resulte uno de los finales más hermosos que se han rodado jamás. No es un happy end, ni un final triste, es un final que llega directo al corazón. Como curiosidad, James Woods aparece brevemente en uno de sus primeros papeles. El carismático actor de “Videodrome”, o “Salvador”, encarna a un flacucho compañero de militancia de la enérgica Streisand.

Mientras Redford cumplía con otras obligaciones contractuales, Pollack se largó a Japón con uno de los mejores guiones de la década bajo el brazo, “Yakuza”. El inspirado guión de Paul Schader, no solo cimentó una película de tiros y katanas, sino que añadía una formidable reflexión sobre la culpa, la redención y la amistad. De hecho, la influencia de “Yakuza” se alarga en el tiempo, desde la ochentera “Black Rain” de Ridley Scott, hasta la descacharrante versión francesa, “Wasabi”, protagonizada por el duro Jean Reno.

“Yakuza” relata la historia de un veterano americano que regresa al país que ocupó militarmente tras la Segunda Guerra Mundial. Allí, mientras se enfrenta a un grupo de mafiosos, el protagonista se topa con su pasado, con su antigua novia nipona y el terco hermano de esta, un yakuza semiretirado. Robert Mitchum fue el actor principal de la cinta junto a Ken Takakura, un icono popular en el país del sol naciente. Solamente con las escenas entre Mitchum y Takakura, mirándose frente a frente, en silencio, se puede percibir un mundo. Junto a “La hija de Ryan”, “Yakuza” es la de mejor actuación de Mitchum en el ocaso de su carrera, sin duda.

Sydney Pollack regresó de Japón con las pilas cargadas y de nuevo junto a Robert Redford, firmó “Los tres días del Cóndor”, un impecable thriller conspiranoico, genero muy de moda entonces, como las desoladoras “El último testigo” de Alan J. Pakula, o “La conversación” de Coppola. Hoy, la trama de “Los tres días del Cóndor” resulta casi visionaria tras la invasión yankee de Irak. Es la historia de un gris oficinista que trabaja en una extraña editorial ligada ala CIArevisando libros y novelas de ficción, buscando posibles tramas que puedan convertirse en complots y acaba metiéndose en una real y muy peligrosa.

Tras el éxito de “Los tres días del Cóndor”, Pollack decidió cambiar de registro con “Un instante, una vida”, un dramón donde una mujer enferma de leucemia enseña a valorar la vida a un estresado piloto de carreras con el intenso rostro de Al Pacino. A esta cinta le seguiría la interesante, pero algo olvidada, “El jinete eléctrico”, con un bigotudo Robert Redford y Jane Fonda repitiendo juntos como pareja tras “La jauría humana” y “Descalzos por el parque”. La trama gira entorno a una guapa periodista que sigue a una figura del rodeo en declive que luce un peculiar traje de cowboy con bombillas en anuncios y desfiles.

Curiosamente, la mayor gloria comercial del demócrata Sydney Pollack coincidió con la llegada del feroz republicanismo de Reagan ala Casa Blancaen 1980. La estrecha estética de esos años marco tanto a “Ausencia de malicia”, una enrevesada historia judicial con un ya canoso Paul Newman y la, entonces, muy popular Sally Field, como a la delirante “Tootsie”, la historia de un actor en paro que se convierte en ídolo de la tele tras travestirse audazmente de mujer. Aunque Pollack fue nominado al Oscar de Mejor Director por “Tootsie”, no sería hasta tres años después, en 1985, cuando se lo llevaría a casa por la elegante “Memorias de África”, protagonizada (como no podía ser de otra manera) por un resultón Robert Redford y una entonada Meryl Streep con acento danés.

Si bien Pollack consiguió perfeccionar su estilo, este se fue volviendo algo académico, perdiendo parte de la maravillosa garra que había demostrado durante los 70. Puede que la culpa de esta crisis lo tuviera el bajo, e inesperado, resultado que obtuvo la muy ambiciosa “Habana”, en 1990. La historia, ambientada en los últimos días del régimen sanguinario de Batista, prometía mucho sobre el papel, pero que no cuajo del todo. Durante los años 90, Pollack llegó a firmar tres trabajos más, “La tapadera”, “Sabrina”, un remake caprichoso, e innecesario, del clásico de Billy Wilder, y “Caprichos del destino”. No son malas películas, pero no están a la altura del director de “Yakuza”. Como pasa con “La interprete”, aunque cuentan con repartos de primera fila (Harrison Ford, Tom Cruise, Gene Hackman…) y, más o menos, buenas críticas, da pereza volver a visionarlas sin sentir cierta frustración de fan. Pero, así es la vida.

—-Jordi Gor—-

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