FUERZA VITAL

HARRY CALLAHAN, 40º ANIVERSARIO DE UN MITO

Posted in Tributo Especial by fuerzavital on agosto 18, 2011

—-Jordi Gor—-

Justo hace cuarenta años, en 1971, se estrenó “Harry, el Sucio”, la primera entrega sobre Harold F. Callahan, el madero más carismático de todo el área de San Francisco (con el permiso de Frank Bullit, claro). Fue un imbatible Clint Eastwood quien le puso su cara en cinco ocasiones, casi siempre armado con un potente Smith & Wesson Calibre 44 Magnum y trasformando su macabro cinismo inicial en una visión algo más sombría de las cosas, perdiendo tambien por el camino el pelo del tupe.

La primera entrega la levantó Don Siegel con un soberbio guión escrito, entre otros, por un joven John Milius y Terrence “Malas tierras” Malick. Sin duda, la cinta de Siegel sigue siendo la mejor de todas, es dura y divertida, oscura y vibrante, violenta y entretenida. Marcó a fuego la senda a seguir para las posteriores secuelas y fue mil veces imitada en decenas de thrillers durante los años 80 y 90, desde “Danko, calor rojo” a “La jungla de cristal 3”, pasando por “Límite 48 horas”, “Acción Jackson” o “El marginal”.

Harry Cahallan es un personaje marcado, sin remedio, por la penosa muerte de su esposa a manos de un conductor borracho. Su solitaria existencia solo adquiere sentido trabajando incansablemente, día y noche, para el departamento de policía de San Francisco. Por eso, por aceptar todos los sórdidos casos que sus compañeros rechazan, Harry se ha ganado el feo mote de “El Sucio”. El filme de Siegel fue un enorme éxito de público, a pesar de la encendida polémica que generó la muy personal interpretación de la ley de Harry. Esa actitud invariable no gustó absolutamente nada en países avanzados como Finlandia y Noruega, que llegaron a prohibir la cinta por su supuesta inclinación al pseudofascismo.

Resulta comprensible que en aquellos agitados años 70, en medio del auge de cientos de movimientos de liberación feministas, contraculturales, revolucionarios y libertarios, las desventuras de Harry resultasen chocantes para una parte importante del público. Pero vista ahora, la polémica se ha diluido, siendo sustituida por una interpretación mucho más clásica, la eterna lucha entre el Bien y Mal. La trama de “Harry, el Sucio” está salpicada de elementos religiosos que remarcan esto mismo, como el arranque del filme (unos inquietantes planos desde arriba, hacia las azoteas de la ciudad), el ataque a un sacerdote, la enorme cruz donde Harry cae de rodillas, o la aparición final de este, sobre un paso a nivel cual ángel vengador, solo que sustituyendo la espada de fuego por un moderno revolver del 44.

La equilibrada dirección de actores de Siegel logra que Eastwood este mejor que nunca y que un casi desconocido Andrew Robinson borde un dificilísimo papel de villano, logrando de Scorpio uno de los retratos sociopatas más aterradores que se han visto. Tanto Harry, como el escalofriante Scorpio, son dos personajes que siendo antagonistas poseen una conexión personal. Los dos se reconocen outsiders dentro de un sistema que los ha marginado, con la gran diferencia de que Harry, aun detestando la burocracia y enorme corrupción que le rodea, todavía defiende el sistema, mientras que Scorpio solo abraza sus podridas aristas cuando sus correrías destructivas salen mal.

Harry es un superviviente de la vieja escuela, un dinosaurio, por eso mismo se aferra a su placa de madero, como su única ancla con la sociedad tras la desaparición de su esposa. Es fácil percatarse que era ella quien, seguramente, le cosía a su marido los agujeros de los calcetines, quien le compraba ropa moderna, quien le cocinaba y quien satisfacía su frustrado deseo sexual. La mujer de Harry no aparece en toda la saga, salvo en una vieja fotografía en la segunda entrega, pero su ausencia es omnipresente, los aburridos y formales trajes y chaquetas que luce Harry, la desequilibrada alimentación que lleva (perritos calientes, bocadillos, cafés…), la falta de tacto con sus compañeros, o la enfermiza unión hacia su Magnum (también, una celebre marca de condones) lo delata.

El Magnum 44 de Harry volvió atronar tan solo dos años después, en 1973. El sólido guión de “Harry, el Fuerte” estaba firmado de nuevo por el gran John Milius y Michael Cimino, quien un año después debutaría como director gracias a Eastwood (protagonista y productor de la apañada “Un botín de 500.000 dólares”). La trama de esta primera secuela gira entorno a las actividades de un grupo de jóvenes policías (espléndidos David Soul y Robert Ulrich) que desean limpiar los bajos fondos asesinando a los delincuentes de San Francisco. El problema surge cuando su loca ambición se vuelve contra aquellos que no los apoyan en su ilegal cacería, incluido Harry.

El argumento de esta secuela se cimentó, claramente, sobre la polémica que originó la primera entrega. Aquellos que tacharon de fascista a Harry tuvieron que contrastar de nuevo su opinión con el grupo de agentes motoristas, esta vez sí, abiertamente, reaccionarios y ultras. Seguro que Callahan no es un paladín de nada, pero si sabe adecuar, cuando es preciso, el poder mortal que le otorga su placa. En la primera cinta, por ejemplo, castigaba sin miramientos a Scorpio, en cambio, al atracador negro del banco simplemente lo neutralizaba, llegando a hacer buena amistad con él en posteriores entregas. Otro matiz que rebaja el carácter facha de Harry, es que trabaja bien con sus compañeros, aunque sean latinos (Chico González), negros (“Early” Smith), mujeres (Kate), perros (Mentecato), o asiáticos (Al Quan). En un principio, Harry no se muestra del todo alegre, pero esto se debe más al dolor interno que le producen las continuas bajas de estos, no a cuestiones racistas, ni de género.

La tercera entrega, “Harry, el ejecutor”, fue dirigida en 1976 por James Fargo, un tipo de total confianza para Eastwood y su exquisita productora Malpaso. Esta segunda secuela aporta un cambio en el sexo del sacrificado compañero de Harry quien ha sido trasladado, por insubordinación, hasta la aburrida sección de Personal. El simpático contraste entre el duro Harry y la novata, pero, enérgica Kate, añade un novedoso toque humorístico a la algo espesa trama que gira entorno a un hiperactivo grupo revolucionario que, tras haber provocado varios atentados, secuestra al alcalde de la ciudad a cambio de mucha, mucha pasta. “Harry, el ejecutor” no es una mala película, pero comparada con las anteriores, muestra ya cierta flojera. Eso explicaría los siete largos años de silencio hasta el estreno de “Impacto súbito” en 1983.

Esta cuarta entrega fue la única que dirigió Clint Eastwood, y se nota. La cinta demuestra una garra superior a las dos anteriores. Una garra con sello propio, heredera de lo aprendido junto a Siegel y Sergio Leone. Así, la violencia de este filme se entrelaza sabiamente con una punzante ironía, no exenta tampoco de cierta melancolía, cosa común en todos los trabajos de Eastwood, desde aquellos nebulosos “Escalofrío en la noche” y “Primavera en otoño”, hasta la testamentaria “Gran Torino”.

El núcleo del conflicto en esta cuarta entrega no nace de la realidad político social americana, no es la reacción de ningún lunático contra el mundo, ni la oscura conspiración de unos autoproclamados nuevos centuriones, ni tampoco la lucha de una organización radical contra el sistema opresor, el conflicto surge de un ámbito más personal, la familia y su necesaria protección (o en su defecto, la implacable y justa venganza). Los EEUU de los años 80 no eran ya los de 1976, y mucho menos los de 1971. La guerra de Vietnam y toda su oposición desobediente, la crisis de petróleo, el caso Watergate, la utopía hippie, la heroína, la segregación racial… todo había quedado atrás, aunque dejando cicatrices profundas. La llegada del ex-actor Ronald Reagan a la Casa Blanca, trajo consigo un republicanismo feroz que inundó el país, reviviendo los ecos de la Guerra Fría y confrontando la aparente fortaleza soviética con una sociedad americana más unida y satisfecha con el capitalismo que nunca. De hecho, cierto dialogo de Harry en esta entrega, el macabro “Alégrame, el día”, inspiró una ley federal que permite a los estadounidenses el uso de armas de fuego contra cualquier intruso dentro de su propiedad.

En “Impacto súbito”, Harry abandona el estrés de la gran ciudad y se traslada hasta una pequeña y placida localidad vacacional con su perro, Mentecato. Pero, nada más llegar, empiezan los problemas, una serie de cadáveres aparecen marcados con un tiro en la cabeza y otro en los genitales. Incluso el pobre Mentecato, a pesar de su inocente condición canina, no se librará del trágico destino de todos los compañeros del inspector.

Pero, en esta cinta también hay sitio para el amor. Tras arrastrar la muerte de su esposa por fin, Harry encuentra un refugio en brazos de una mujer llamada Jennifer (la poco valorada actriz Sondra Locke, musa pálida de Eastwood durante años). Aunque el romance entre ambos se antoja difícil, ya que la actitud vital de Harry se nota algo cansada. El final de este estupendo filme es un final agridulce más que otra cosa, como esa lagrima que resbala por la carita de la hermana de Jennifer.

El último caso de Clint Eastwood como Harry Callahan fue “La lista negra”. Se rodó al final del segundo mandato de Reagan y, como bien indica el titulo, el resultado fue un tanto oscuro. No contento con ser perseguido por la mafia, Harry descubre como su nombre forma parte de una lista de famosos de San Francisco que serán asesinados. Harry buscará a los responsables del macabro complot con la ayuda de un aguerrido compañero chino americano llamado Al Quan. Aunque, la dirección de Buddy Van Horn resultó ser muy profesional, le faltó ir más allá. Aparte de unos delirantes cochecitos bomba teledirigidos, lo mejor del filme está sin duda en el reparto, donde un madurete Eastwood acompaña a la siempre eficaz Genevieve Bujold y a un joven Liam Neeson, que tras participar en “Excalibur”, buscaba su hueco en Hollywood. Como curiosidad, en “La lista negra”, también aparece un novato Jim Carrey (haciendo de cantante heavy) y los melenudos miembros de Guns & Roses asistiendo al gris funeral de este.

En definitiva, cuarenta añazos ya desde que Harry se subió a aquella azotea en busca de casquillos de bala. Media vida desde que la melodía lounge jazz de Lalo Schifrin sonó por primera vez. Resulta raro imaginarse como habría sido todo si Frank Sinatra hubiera aceptado interpretar el papel de Harry. Eastwood no fue ni el primer, ni el segundo, ni el tercero candidato, pero, el inspector Callahan eternamente. Sinatra, bien puede conformarse con ser el granujilla Tony Rome. Su “Hampa dorada” o “La mujer de cemento” son crujientes aperitivos, en cambio, “Harry, el Sucio” e “Impacto súbito”, son buenos chuletones con guarnición. Buen provecho y salud.

—-Jordi Gor—-

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