FUERZA VITAL

EL DINOSAURIO Y EL BEBÉ

Posted in Reflexiones by fuerzavital on octubre 27, 2011

—-Arcadi Ballester—-

Entrevista realizada por André S. Labarthe en 1967

Hay algunos detalles muy interesantes. Sin contar todos los que se me escapan. Los dedos de Fritz Lang son larguísimos, mucho más que los de el pianista ideal, son serpientes. En cierto momento Fritz dice que el cinemascope está hecho para las serpientes y los ataúdes. Ni siquiera está hecho para los paisajes, como en Le Mépris. El diálogo entre ambos es más viscoso que el humo del tabaco, pegado al techo de una sala que, de no ser por la ventana podría ser una auténtica cámara de gas romántica. El hecho es que entre su discusión, André S. Labarthe recupera algunos fragmentos, que añaden significado en esa relación entre ambos cineastas, el dinosaurio y el bebé, que ahora mismo son el cadáver y el meteorito. Uno de esos cortes cobra especial significado, es un corte de Le Mépris en el que el protagonista, Michel Piccoli se despide de Fritz, el director de la película falsa, que dice quedarse porque hay que acabar lo que se empieza. El caso es que en esa misma toma, de fondo tenemos a el propio Godard, con sombrero y esas gafas tan oscuras y esos ojos tan orientales que no se le ven. Entonces tanto Fritz como Jean-Luc se dirigen a los técnicos para que comiencen a rodar un travelling. A la orden, dos cámaras se ponen en marcha: la cámara del plano que estamos viendo y la cámara con la que se está rodando la película falsa, la que dirige de manera ficticia Fritz Lang. Como si fuera el final de una película clásica en la que, al final, todo cobra sentido y el espectador se realiza como tal, siente más placer a cuanto más comprende, pero no exactamente así, no tan directo, no tan limpio, no tan fácil. Jean-Luc se contradice constantemente, su selva de significantes es terrible. En esa selva habita el demonio.

Otro detalle fascinante es el monóculo de Fritz. Parece incómodo, pero también da la impresión que Fritz tiene que responder a cierta imagen de sí mismo. Eso no le pasa a Jean-Luc. Jean-Luc improvisa donde Fritz calcula.

En cierto momento Fritz saca un papel y un rotulador para contarle a Jean-Luc y a nosotros cómo organiza, cómo hace un estudio detallado del espacio antes de rodar, como adapta el espacio a su idea y no al revés. Parece más un problema de matemáticas, a lo que Jean-Luc contesta, que sí el escenario en el que está no le gusta, simplemente se va a otro lado. Para Jean-Luc el abanico de lo posible es mucho más amplio, las herramientas parecen más cercanas. Fritz le dice con tono severo: un director no tiene que hablar, un director no tiene que escribir, si un director utiliza la palabra es que no es un buen director de cine. Bresson no se cansaba de repetir que el cinematógrafo es una escritura con imágenes en movimiento y sonidos. Repitió eso hasta que se murió, pero desde la primera vez que lo dijo hasta la última su pelo se había desteñido por completo.

Fritz vs Jean-Luc es la vieja batallita entre amigos, pero que extrapolada es la gran batalla de generaciones sobre un soporte, el celuloide, al que uno vio nacer y el otro ha visto morir. Sin duda ellos dos, enfrentados, son una mitad del circulo y la otra, en realidad cada uno tiene lo que al otro le falta, por eso se aman, como buenos románticos.

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