FUERZA VITAL

THE DEVIL’S RAIN (Robert Fuest, 1975)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on marzo 8, 2012

—-Alex Onôv (de FilmBunker)—-

Una selección de estrellas rutilantes desfila por los títulos de crédito iniciales. Ernest Borgnine, William Shatner, Ida Lupino, Tom Skerritt… tenemos hasta un John Travolta en su primera aparición cinematográfica. Uno se pregunta en qué punto de la carrera de un actor se aceptan guiones que incluyen satanistas derritiéndose como cera, sectas con seguidores sin ojos en las cuencas, talismanes mágicos y diálogos dignos de un cómic pulp. Supongo que o bien al inicio de tu carrera, como en el caso de Travolta, o en medio de un bache, como ocurría con Shatner. Sin embargo, aceptar este tipo de propuestas proporciona, en ocasiones, el (no tan dudoso) honor de formar parte de títulos para el recuerdo, títulos de culto. Tal es el caso de “The Devil’s Rain”.

En una época como la que vivimos, en la que producciones como “House of the devil” y “Kill List” ocupan nuestra atención con mejores o peores resultados, películas como “The Devil’s Rain” —que cumple casi cuarenta años— nos hacen pensar lo mucho que podemos retroceder en el tiempo si buscamos precedentes en el campo del satanismo y las sectas satánicas. Si queremos, podemos irnos hasta 1896 y “Le manoir du diable” (“Las manos del diablo”) de George Méliès. La lista sería interminable e incluiría sin duda títulos como “The Omen” (“La profecía”, 1976) o “Rosemary’s baby” (“La semilla del diablo”, 1968). La década de los 70, sin embargo, fue especialmente fructífera en cuanto al género dedicado al Señor de las Moscas, con títulos como “Carrera con el Diablo” (1975), “Holocausto 2000” (1977), “The Brotherhood of Satan” (1971), “Simon, King of the Witches” (1971), “La Garra de Satán” (1970), “Abby” (1974), “El Anticristo” (1974), “La Centinela” (1977)…

“La lluvia del diablo” (The Devil’s Rain, 1975) forma parte de esta tradición de serie B satánica de los años 70. Fue dirigida por un tal Robert Fuest, que anteriormente había trabajado en producciones de género de medio pelo, aunque fuese con mitos de la talla de Vincent Price como en el caso de la saga del Dr. Phibes (“Love means never having to say you’re ugly”). “The Devil’s Rain” supuso la estocada definitiva a su carrera tras el manteo total que sufrió por parte de la crítica. Y es que la película tiene un guión que no hay por donde cogerlo, una estética de cartón-piedra y una incapacidad alarmante para inspirar terror. Sin embargo, pertenece a esa clase de películas de las que se dice que son “tan malas que son buenas”, y efectivamente, a quien suscribe le gustó y le proporcionó un rato agradable y divertido, gracias a los efectos especiales y (sobre todo) a la interpretación Borgnine y su forma de declamar las inverosímiles líneas de su personaje. Por supuesto, la categoría de culto le viene por la temática satánica, por su recalcitrante estética diabólica que a todo amante del género le resulta deliciosa, y por esa estética ‘grindhouse’ que atraviesa todo el metraje con ese granulado del celuloide y esos colores saturados. Exquisita.

 

La película comienza con unos títulos de crédito superpuestos a una serie de detalles del cuadro “El Juicio Final” de El Bosco, que ya se sabe que da un caché satánico importante, seguidos de una escena inicial que nos muestra ni más ni menos que a un tipo derritiéndose. Este principio, brusco y repentino, ya demuestra una obsesiva querencia de la cámara (y del montaje) por mostrarnos con todo detalle las burbujitas y las gotas en las que se descompone el cuerpo. El plano se regodea en los detalles de la textura y los colores ondulantes durante minutos, mientras el personaje de Shatner, su madre y un señor con barba lo contemplan horrorizados con gestos desencajados durante minutos. Esto promete.

En efecto, eso ha sido todo en cuanto a puesta en escena. Ya lo tenemos todo. Secta, libros oscuros, maldiciones familiares, incluso un villano, el satanista Jonathan Corbis, que se esconde en una ominosa iglesia de pequeño pueblo rural en la América profunda. Cuando Shatner llega al pueblo comenzarán a desfilar ante nuestros asombados ojos los muñecos vudú, los avalorios de bazar chino, los medallones protectores de corchopán y un despliegue orgiástico de estrellas y cruces invertidas.

Aparece entonces el protagonista absoluto, el gran Ernest Borgnine, cuya presencia se come todo lo que le rodea con su atractiva fealdad y su sonrisa maligna. En menos de nada se habrá enfundado su túnica roja de ceremonias que ya no se quitará hasta el final. Entonces sus acólitos hacen su entrada en escena ataviados en túnicas negras, y nos muestran las cuencas vacías de sus ojos; unos make-up FX relativamente decentes. Comienzan también a sucederse las frases del malvado Corbis quien, con los humos muy subidos de quien se sabe el jefe de todo el cotarro, no cesará de deleitarnos con sus dogmas anticristianos hasta el mismísimo final de la película: “There is no evil – only purity”. Sus monólogos y letanías no son del todo desaprovechables y, de hecho, reflejan bastante bien las ideas centrales del satanismo real; libertad, exhuberancia, amoralidad, placer. No en vano, el mismísimo Anton LaVey figura en los títulos de crédito como asesor técnico. Una pena que, al fin y al cabo, lo único que parece interesarles a esta gente sean las escarificaciones en el pecho de sus víctimas. En fin.

Al igual que ocurre con el guión de “Psicosis”, el protagonismo de Shatner está destinado a ser sustituido por el de un Tom Skerritt en estado de gracia que toma el testigo y que tiene una motivación clara: acabar con Corbis y su dominio total sobre los habitantes del pueblo. Ah, y rescatar a Shatner. Un flashback teñido de rojo nos muestra, en plan “Pilgrim Progress” pero en cutre, los inicios de los conflictos que supuso el inicio de la iglesia oscura de Corbis en el pueblo. Totalmente innecesario, pero es impagable ver a Shatner interpretando a uno de sus ascendientes con una peluca realmente irrisoria.

La película deviene en una orgía de látex por la que merece la pena ver todo lo anterior, y desemboca en un final que se va totalmente de las manos, una apoteosis satánica Borgnineana impagable y unas escenas finales como nunca antes se habían visto; esos vómitos verdes que salen de las cuencas vacías de tantos ojos son algo irrepetible. Yo a este final le he puesto el nombre de wax-porn, y ya me diréis si es acertado o no. Absolutamente imprescindible.

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