FUERZA VITAL

THE APARTMENT (Billy Wilder, 1960)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on mayo 9, 2012

—-Miriam Sánchez—-

La llave a la dignidad.

Baxter, el perfecto capullo.
«Hola. Me llamo C.C. Baxter y soy patético».
Algo así viene a advertirnos Jack Lemmon en su presentación. Más tarde lo corrobora con sus actos. Sus jefes, sus amantes y sus vecinos lo reafirman: «Un inútil», «un panoli»… Un fracasado y un “pelota”. Todos nos hemos topado con un Baxter. Un rol muy repetido, por desgracia, en esta situación de penurias laborales y explotación masiva en la que estamos inmersos. Puede incluso que usted sea uno de ellos. Alienado por sus superiores y chantajeado para conseguir unas mejores condiciones en un trabajo que es una verdadera basura. En realidad, entregarles la vivienda, la privacidad o la libertad, porque uno está tan solo que ni siquiera es consciente de ello, no es para tanto. Es sólo una existencia vacía que se refugia en el servilismo profesional. Seguro que les es familiar. En esta historia la moneda de cambio con los jefes es el hogar, convertido en el picadero más célebre de la memoria cinematográfica colectiva. En la calle 60 oeste de Nueva York. Si pasan por allí con un ligue, ya saben.

Baxter, el enamorado.
Entonces apareció ella. Una ascensorista con la mirada tan dulce (nadie puede negar que Shirley es adorable incluso interpretando a la fulana de Irma) que nos hace sucumbir nada más conocerla. Por la que uno se quita el sombrero al subir al elevador. La mujer que nos hace percatarnos de que hemos de reconquistar la dignidad perdida, el punto de inflexión que hace que todo comience a adquirir algo de sentido.

No es mi intención narrar esta obra maestra. Doy por sentado que un seguidor de una revista de cine ya ha tenido el placer de degustarla, al menos, una vez. Eso sí, permítanme deshacerme en elogios hacia ella rápidamente: Brillante, redonda, inmensa, tierna, mordaz, pero también dura y terriblemente crítica.

Un apunte. En esta revisión del clásico, me ha parecido destilar un romanticismo absolutamente conmovedor. ¿Siempre lo hizo o es subjetividad? Supongo que a medida que pasan los años, aumentan los sentimientos de afinidad con estos dos personajes, víctimas de un entorno utilitarista y no muy sobrado de escrúpulos. De cualquier modo, revivir el via crucis de ese antihéroe que abandona el madero y levanta por fin la cabeza por la ascensorista de pelo corto es una catarsis de lo más placentera. Es por eso por lo que la ternura con la que el señor Baxter trata a la señorita Kubelik conmueve al más pintado. Por eso quien «no se tiene mucho aprecio» sueña con que un Baxter enamorado hasta los tuétanos la invite a jugar a las cartas y le haga espaguetis escurridos en una raqueta para cenar.

Baxter, el ser humano.
Tomen nota, señores, del recordatorio del maestro Wilder: nada en esta miserable existencia puede hacernos más dignos que amar. «Sé un mensch». O lo que es lo mismo, «sé un ser humano». Y esa es la verdadera llave. La buena, no la del baño de los peces gordos.

Una respuesta

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  1. Incitatus said, on mayo 15, 2012 at 10:05 am

    Olé, la mejor peli que hay!!


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