FUERZA VITAL

THE MAN WHO KNEW TOO MUCH (Alfred Hitchcock, 1956)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on junio 11, 2012

—-Jorge Núñez—-

No la había visto hasta ahora y de nuevo ya en los créditos iniciales me ha dejado sin respiración. Que por un golpe de platillos se rompa una familia americana es algo muy melodramático y esto Hitchcock lo maneja a la perfección. El comienzo al sol, al sol abrasador, entre lugares de sospecha y relajación, sirve de bandeja extraña para la segunda mitad de la película en Londres. Marrakesh se vuelve utopía hipnótica con esos colores y tiempos que recuerdan a todo europeo filmando lo exótico: Jean Renoir en “El río” o Fritz Lang en “El tigre de Esnapur” y “La tumba india”. La familia americana no tiene sombras, son de juguete, un boceto de la perfección en una utopía marroquí dentro de una telaraña en un plan extraño y rocambolesco que no se acaba de aclarar nunca. Así es Hitchcock, el grandilocuente mcguffin.

“El hombre que sabía demasiado” es Bernard Herrmann con un papel estelar en la parte final de la película y con un papel bisagra en toda ella. Hitchcock compone un discurso audiovisual que atañe a la música. Gags musicales, como el de la canción que cantan Doris Day y el niño o el de James Stewart trepando al campanario con la soga que hace repicar las campanas, son la herramienta pura que vuelve sobre sí misma para desarrollar un icono perverso. Las dos mitades, la música del Albert Hall y el silencio del barullo en Marruecos. Las gafas quitadas o puestas. El refinamiento que se va trabajando en “El hombre que sabía demasiado” se verá pulido y de otra forma también interesante en “Con la muerte en los talones” o “Cortina rasgada”. Los juegos metatextuales y las contradicciones supraestructurales como la pelea en la fábrica de taxidermia son trabajo experimental del duro que a la vez hace de esta película un conjunto muy estrafalario. Hay pruebas, es cierto, y ensayos de ideas, pero que aquí al estar forzadas se ponen sobre la mesa de una manera natural; de interrogatorio, pero natural porque a Hitchcock es lo que le interesaba. El cuchillo en la espalda de un hombre árabe cuya piel se destiñe al ser tocada por un americano. Tripas retorcidas como un gran chiste, alabemos al gran chiste! Alabemos a James Stewart escondido tras una fina columna de la capilla!

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