FUERZA VITAL

MONA LISA (Neil Jordan, 1986)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on julio 25, 2012

—-Laura Lazcano—-

El tercer largometraje en la carrera de Neil Jordan cuenta la historia de George (Bob Hoskins) es un ex convicto que acepta trabajar de chófer de una prostituta negra, Simone (Cathy Tyson). Tras enamorarse de ella, no duda en poner su vida en peligro para ayudarla a buscar a una antigua amiga atrapada en una red de prostitución. Ambientada en los años ochenta en Londres, Mona Lisa hila una historia que opone dos mundos distintos y describe con precisión las tensiones entre ellos. Así lo muestra su director, a través de las vagas incursiones que se les permite hacer a George y Simone en las altas esferas de una sociedad opulenta y viciosa, sin olvidar el contexto humilde del que verdaderamente provienen. Relata sin incurrir en tremendismos las sombras oscuras de un submundo de perversiones, la pulsión de dos esferas complementarias, y necesarias el uno para el otro.

Por medio de dos recursos, Neil Jordan pone al espectador al corriente de la personalidad de su personaje femenino principal, Simone. Ya en la secuencia de apertura del filme, se nos muestra a George caminando deprisa por las calles de Londres con un paquete bajo el brazo mientras suena la canción Mona Lisa de Nat King Cole. Pues tanto el título del filme como la letra de la canción no hacen sino alusión al personaje de Simone, o más bien, a la manera en que George la percibe. Como una mujer misteriosa, enigmática y extrañamente reservada, a pesar de su profesión. Atractiva e indescifrable, al igual que la figura estática que pintó Da Vinci allá en el S.XVI. De esta manera, la fábula que le cuenta George a Simone más adelante sobre la rana que se convierte en príncipe, gradualmente va tomando forma en él. De cómo se transforma en el extraño compañero de Simone, el protector de la heroína expuesta a peligros constantes, a la maldad de un mundo que se ceba con los débiles.

No podría señalarse como norma que la mujer y su incierta condición sexual constituyan un tema recurrente en el cine de Neil Jordan, ni siquiera como una característica presente en gran parte de su diversa filmografía. Pero sí es posible enfrentar y hacer dialogar las imágenes de la pequeña Kirsten Dunst en Entrevista con el vampiro, encerrada en un cuerpo infantil para toda la eternidad, incapaz de convertirse en mujer y desarrollar así su sexualidad; con las del proceso de adaptación – y posterior renacer – de la “particular” sexualidad en los personajes protagonistas femeninos de Juego de Lágrimas y Desayuno en Plutón; o por último con la escena de revelación final de la prostituta de esta cinta, en el frío muelle de Brighton, al amanecer, ante la incredulidad de George.

En lo referente a la estructura narrativa de la cinta, Mona Lisa está articulada en torno a varios hilos conductores que terminan confluyendo entre sí. Por una parte, pronto se nos hace partícipes de la relación con su hija que George se esfuerza por construir de la nada, a pesar de los esfuerzos de su mujer por impedirlo. Asimismo, en un ejercicio intertextual, también se nos muestra a George con su mejor amigo, con el que crea, a modo de pasatiempo terapéutico, una ficción inocente y paralela a la realidad. Finalmente, otra de las líneas argumentales que conforman esta red, y podría considerarse así, como la principal, es su relación con Simone, que le ayuda a redimirse, en cierto modo. Desgraciadamente, de ese vínculo pronto surge una subtrama orquestada por un joven Michael Caine y relacionada con el pasado de George.

Lejos de comedias edulcoradas (Irma la dulce) y de fantasías Disney (Pretty Woman), Mona Lisa expone el tema de la prostitución con vehemencia y crudeza. A través de un guión que define hábilmente a todos sus personajes y ofrece un abanico de sentimientos complejos, Neil Jordan elude con maestría el tópico que puede suponer el narrar en la gran pantalla la relación entre un hombre y la prostituta de la que se enamora. Elaborando así una historia llena de matices y pequeños detalles, a la que contribuye en gran medida, la admirable actuación que concede Bob Hoskins, quien ganó un Oscar por su labor. Así, un ejemplo de la rica complejidad de esta cinta lo encontramos en una de las escenas finales. No es casual que en un momento dado se refieran a George como si fuese un cura. Más adelante, es en el instante en que George contempla inexpresivo las imágenes de They live by night de Nicholas Ray en la televisión de una habitación de hotel, cuando comprende la verdad sobre Simone y que él no correrá la misma suerte que los protagonistas de la película de Ray, que solicitan el servicio de un cura. Más bien, la función con la que puede identificarse George llegados a ese punto, y tras cumplir la misión encomendada, es la del cura de la película de N. Ray.

Sometimes love is a strange and wicked game.

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