FUERZA VITAL

STEAMBOY (Katsuhiro Otomo, 2004)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on septiembre 1, 2012

—-Laura Lazcano—-

Steamboy (2004) es un largometraje de Katsuhiro Ôtomo, director principalmente conocido en el universo de la animación japonesa por su gran obra Akira (1988). Reconocido dibujante de manga y director de anime, su incursión en el steampunk no es fortuita, pues la mayor parte de su filmografía se sustenta en la ciencia ficción y en lo fantástico. En esta ocasión, nos introduce en la vida de Ray, un niño inventor que vive con su tía en Inglaterra mientras su padre y su abuelo trabajan en Norteamérica experimentando con el vapor como fuente de energía. Cuando su abuelo le confía una enigmática bola de vapor que debe proteger con su vida, Ray es secuestrado y llevado a Londres, a la Torre de Vapor, un misterioso complejo controlado por su padre.

No cabe duda de que el punto fuerte de una película como Steamboy es la estética. El estilo steampunk inunda el complejo armazón erigido por el director japonés. El escenario de la Inglaterra victoriana, en plena Revolución Industrial, resulta el idóneo para desplegar la imaginería retrofuturista característica del movimiento. Los extraños y avanzados artilugios que idean y utilizan los personajes desfilan sin tregua a lo largo de la narración. Ôtomo plasma un universo paralelo y evolucionado de tintes fantásticos, con un tono optimista hacia la tecnología y los materiales propios de la escuela steampunk como el vapor, el carbón o el hierro.

“Del riesgo surge el progreso” le achaca uno de los protagonistas a otro en un momento dado del filme. No es casual que el director haya recurrido a una estética tan peculiar para plantear un debate sobre la tecnología. Pues el dilema que enfrenta a padre e hijo es el relacionado con los diversos usos de la ciencia y hasta qué punto es lícito beneficiarse de ella para fabricar armas de guerra. Así, se muestra el daño ocasionado por la tecnología en malas manos para exponer la reflexión ética sobre si verdaderamente el fin justifica los medios.

Si algo se le puede reprochar a esta película es su excesivo metraje, que le resta ritmo y frescura a la puesta en escena propulsada por Ôtomo. Asimismo, y aunque es posible deducir que está dirigida, en principio, a un público infantil (el personaje protagonista no es más que un niño) el relato, por momentos, es bastante inconsistente. Los diálogos son flojos y a la historia le cuesta mantenerse por sí sola, pese al impecable trabajo visual que se aprecia en ella. Desafortunadamente, tal magnífico dominio de lo visual no consigue aplacar el sentimiento de inconsistencia que transmite el conjunto del metraje. Tras diez años de producción y un premio en Sitges a mejor película de animación, puede decirse que Katsuhiro Ôtomo ensambla a conciencia los engranajes de la ingeniosa maquinaria que conforman su séptima película, aunque el resultado final no ruede a la velocidad que él había previsto.

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