FUERZA VITAL

O DRAKOS (Nikos Koundouros, 1956)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on septiembre 4, 2012

—-Germán Piqueras—-

O drakos. En castellano, El ogro. ¿Qué me cuenta a mí El ogro de Atenas?

El personaje interpretado por Dinos Iliopoulos (Thomas) me recordó a Fernando Pessoa la primera vez que lo vi, la segunda, ya en plena película, me recordó bastante a Narciso Ibáñez Menta en “El Televisor”, historia para no dormir de 1974. Un hombre, empleado de banca, solitario en mayúsculas, gris, discreto. El ogro de Atenas narra las trágicas consecuencias que se dan cuando uno interpreta, en la vida, un papel que no es el suyo. Dicho papel cambia radicalmente de un extremo a otro en la vida de Thomas, cuando es confundido con alguien que es opuesto a él psíquicamente, pero prácticamente igual físicamente. Es confundido con un criminal, el ogro de Atenas, y es, cuando la gente cree que es un asesino, cuando lo tratan de una manera distinta a lo normal: o mejor o peor. Miedo, lástima, pena, adulación… quieren sacar provecho de él.

Unas bailarinas lo acogen en su cabaret, donde sigue siendo un ser solitario y donde él termina por aceptar lo que no es, llegándose a creer que es un asesino de verdad. Hablamos pues, de una interesante doble interpretación. Él, como falso asesino, tiene que lidiar con los brutos del lugar, con hermosas bailarinas que lo desean por ser quien no es  y, lo más duro, consigo mismo. Con ese aburrido empleado de banca. Es en el cabaret donde comienza esta tragicomedia, más trágica que comedia, obra griega, donde le proponen (y he ahí el por qué de que las bailarinas lo encandilen hacia su lugar de trabajo) colaborar en el robo de una de las columnas del templo de Zeus Olímpico, que quiere comprar un americano. ¿A quién no le gustaría contar con el más delincuente más conocido para perpretar un robo?

Todo esto entre la música y el festejo que trae consigo una Nochevieja negra (negra, como el cine negro). Muchas de las citas que he conseguido sacar de esta película son muy taberneras y por ello, algunas de ellas, están llenas de verdad. El alcohol habla y dice aquello de: la gente está llena de problemas, todos somos lobos solitarios, un hombre necesita a sus semejantes, nadie sabe lo que va a traer el mañana…

Cuando él, como falso asesino, ha conseguido medio enamorar a Baby, una de las bailarinas (todo en esta película es a medias) que desea un cambio radical de vida, le dice:

Imagina, por un momento, que soy el empleado de un banco. ¿Te gustaría?

A lo que la Baby (la bella Margarita Papageorgiou) le responde un dulce sí.

Termino por creerme ese sí cuando veo el final de la película, diciendo esto no destripo nada. La gente del bar termina por descubrir que no es el verdadero Ogro cuando la policía, tras capturarlo, lo deja en libertad al comprobar que, realmente, no son la misma persona. Termino por creerme ese sí cuando, no sé si antes o después de él, se da esta conversación entre ellos:

Uno no debe vivir solo como un tronco. No tiene ganas de fiestas, domingos o Año nuevo. Se abandona y se entierra solo. Tienes un buen trabajo. Luchas toda la vida, pensando que has conseguido algo y entonces… algo te abre los ojos. El mundo gira al revés. ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? ¿Por qué has sido durante 40 años un tío triste… y solitario?– narra el solitario hombre gris en las escaleras de un portal

Eres el hombre más dulce del mundo– le contesta Baby

La vida es como esa mañana de Año Nuevo y muerte, en esa Atenas llena de charcos y melancolía. Quizás lo que ha muerto sea la confusión, quizás lo que nos guste sea estar confundidos. Necesitamos estar confundidos para encontrarnos, segurísimo.

Autocrítica de Koundouros hacia su propio país, hacia el carácter griego. No hacia la reciente guerra civil (1941-1950) sino a lo que hizo que esta se diese, una autocrítica de final oscuro y necesario para que precisamente no se volviese a dar una situación así en el país. Qué curioso me resulta hablar así de Grecia, ahora en el año 2012, ¿Quién será El Ogro de Atenas hoy? ¿Siguen siendo los griegos igual que dentro de ese cabaret? ¿Siguen apuñalando sin pensar? ¿Siguen confundidos? ¿Qué es lo que falla? ¿Todos somos Grecia?

Debiera Koundouros reflejar en una nueva O drakos, lo que es su país actualmente, aunque quizás no lo haga porque todo sigue igual y quizás, de nuevo otro quizás, sea esta película de 1956 la que sigue siendo un fiel espejo/reflejo de la sociedad no solo griega sino mundial, aunque esto, muchos, no queramos aceptarlo.

Otra de las cientos de críticas que se podrían extraer de este film es esa típica de que nadie es feliz con lo que tiene: ni la hermosa Baby (a la que todos aman), ni Thomas, ni los brutos del bar, ni siquiera, y aunque no sepamos nada de él, el comprador americano.

Drama. Tragedia griega. Premonitoria.

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