FUERZA VITAL

Recuerdos de Brigadoon en el año 2012

Posted in Festivales de cine, Reflexiones, Tributo Especial by fuerzavital on octubre 15, 2012

—-Jorge Núñez—-

Llegué a Sitges con una idea clara: investigar la sección Brigadoon. Es un lugar mágico, parafraseando a la película de Minnelli. Si te quedas allí, te envolverá su sabor seco y cortante, su flow de dvd, su latido de sangre caliente y mente infinita. Durante todo el festival fue un lugar recurrente, un lugar de resguardo de todo ese Cine muchas veces enfocado al negocio e inodoro. El Cine de Brigadoon, por el contrario, huele a “ganas”. Tras unos arbustos de chiles y atravesando ríos plagados de salmón apareció por fin ese edificio, antiguo matadero tortuoso, con “la buena cosa” en sus entrañas. Acababa de empezar la película CELL COUNT (2012) de Todd E. Freeman y todo exhalaba una extraña calma. Las sillas de plástico se enfrentaban a los pasillos asépticos del hospital experimental. Rezumaba Carpenter pero también toda la sabia de lo quirúrgico de George A. Romero. Las conversaciones se pausan para explotar literalmente en un ladrido de angustia. Desde el interior se hurga en un algo protésico que es blandito y bueno para la piel. Meter los dedos en el pastel, y no precisamente de miel. Así, entre tejemanejes de sospechas filmadas con un pulso tensional, acontece lo serpenteante y se acelera la fuga final. El sistema de perspectiva hacia un mundo apocalíptico se presenta de golpe pero en off. Una especie de efecto parabólico. El ser que antes era humano ahora tiene las venas a reventar, hacia la segunda parte de la película, en un mundo de Mad Max.

Las líneas trazadas aguantaron milenios, en dirección inversa, es decir, el tiempo al revés. Las antiguas leyendas egipcias son amputadas de su lugar en el mundo por los habitantes del siglo XIX. Este cercenar invoca las desgracias de un paraje desolador: el castillo de un prestigioso arqueólogo. Todo verdadero, rodado en Francia, cuando la madera añeja es, sobre todo, añeja, y la Gran Solución está en la naturaleza. EL SECRETO DE LA MOMIA EGIPCIA (Alejandro Martí, 1974) exhibe su crudeza en las secuencias de manoseos del egipcio a las chicas, vestidas en esta versión. La oscuridad se llama a través del cuerno de Murnau. Esta se topa con la naturaleza de “The quiet man”. La poética de la muerte y la agitación de la naturaleza. La naturaleza muerta que revive y supura deseo descabellado. El terreno echa chispas. Hubo varios atascos en los forcejeos-caricias-golpes del egipcio, quien vestía con sandalias, babero y cinturón todos dorados. La cascada dorada ante sus ojos perfilados. De un salto se monta en el caballo. Sus acciones son precisas y la historia se detiene para relamerse. Entre las rocas la gravilla se mezcla con la saliva del relamido. Aquí me estaba haciendo la digestión con los jugos gástricos hablando por mí. TORTURE CHAMBER (Dante Tomaselli, 2012) habla por los codos y se la notan los métodos. Las técnicas rutinarias que conforman una ficción. Me gusta que la idea del “cómo” sea el germen del “qué contar”. Giré la cabeza y vi que la protagonista de la película estaba sentada en primera fila de la sala Brigadoon. Era ella con esa cara redonda, el pelo recogido, los ojos redondos y la sonrisa pícara. Yo iba a un ritmo de mirar a la pantalla y mirar a la señora, mirar a la pantalla y mirar a la señora… Un in crescendo que se ordena a lo largo de las distintas torturas: estirar, aplastar, pinchar, abrasar. La madera y el metal alquimizan la gran película de Tomaselli, trayendo a presencia al cine giallo en su línea colorista (Argento). La culpa la tiene el tobogán que termina en unos pinchos. Un tobogán súbito, que sesga el plano y asusta. Así, una raja horizontal. ¡Ras! PRESAGIO (Miguel Iglesias, 1970).

Una de las primeras películas españolas en tocar el tema de la parapsicología, PRESAGIO es una casa pulcra y de lujo, donde cada persona es un fantasma de su pasado, incluida la persona del Cine. Jacques Tati propone una cena a la que acuden Mary Poppins y Howard Hawks. Cantan en directo. Todo en directo, en los postres. Mucho cantarín, mucho hablar y lo que no hay es: bodegón. Los personajes cuentan lo que pasa pero del Cine no se ayuda el guión, hay una separación de años luz. Es una película propia del Cine Sucio, descuadrada, despoetizada, ruda. No hay Mankiewicz, pero sí un cierto off de fantasmas y unas esferas blancas. El elemento del crimen, el elemento clave: el retrovisor del coche en el que Berta se refleja. Ella ve su imagen, la imagen de ella. El diálogo se enreda y hay un nudo imposible que, como en la película del egipcio dirigida por Martí, en esta del director Miguel Iglesias vuelve a relamer su metraje. La inquisición se sobra con la relectura y todo toma un carácter inhóspito. Lo innecesario está a la vuelta de la esquina. Cuidado. Han vuelto, son los Muertos Vivientes. THE RETURN OF THE LIVING DEAD (Dan O’Bannon, 1984) es trepidante. Justo la hemos visto antes de coger el avión de vuelta. Ya después de cinco días de tormentosa profundidad salimos a la superficie plastilinosa con la obra maestra del cine zombi cómico creada por O’Bannon, el grande. Bailar bajo la lluvia da gusto, sobre todo cuando hay una sensación de estar danzando sobre la lluvia, en un desafío bamboleante. El histrionismo de la realización es cumbre de la montaña. O’Bannon no quiere una montaña sino su cima, por eso esta película tiene en sus filas al gracioso medio perro palpitante.

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