FUERZA VITAL

TALES FROM THE GIMLI HOSPITAL (Guy Maddin, 1988)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on octubre 31, 2012

—-Javier Miranda—-

Quizás a día de hoy, se hace más importante y necesario que nunca hablar de Guy Maddin. Porque vivimos en una época de inquietante incoherencia cinematográfica, una época en la que “The Artist” (Michel Hazanavicius, 2011) es un ejemplo de virtuosismo estético y de puro cine, de ese que dicen “ya no se hace”. Y no se habla de “Brand Upon the Brain!”, cine puro, emocionante y divertido (además). Ah! Y muda y en byn como la francesa (hay que decirlo, que parece que es lo más importante). De ahí a reivindicar al director canadiense como “artista” de verdad, en cuyos filmes se divisa un respeto absoluto hacia los orígenes del cinematógrafo, con personalidad, sin necesidad de usar de manera efectista conceptos tan irrelevantes, simplistas y poco importantes como los anteriormente citados.

“Tales from the Gimli Hospital”, primer largometraje del director canadiense, comienza con un precioso travelling hacía el interior del hospital (que se repetirá al final de manera inversa), donde dos niños escuchan una historia sobre ese misterioso lugar, contada por su abuela (la voz en off que guía la “narración” a lo largo del metraje). Ya estamos dentro del filme. Inicio casi documental. Juegos, diversiones. Vida. “Tabu”. Poco a poco lo onírico, lo surrealista, lo experimental se apodera del filme. El inserto de la sangre. La lluvia de plumas. Perversiones en la sombra. “Eraserhead”. Los peces omnipresentes, animales libres en el vasto océano, aquí reducidos a meros objetos. Como las tijeras. Cortar el plano. La eterna duda (que diría Godard).

Gunnar, ese inquietante personaje, que cuenta historias (o no-historias), esos cuentos que reza el título. También los cuentan las marionetas de ese teatrillo que las hermosas enfermeras han preparado. Historias de amor (aunque ¿acaso no todas las historias son de amor?). Ese “Jazz Singer” que observa. Dos maneras de narrar algo, dentro de una narración, dentro de otra narración. Guy Maddin nos dice que no hay una manera de contar una historia. No hay una fórmula. No es algo y luego lo siguiente. Es irrelevante. Quizás lo único importante es que las imágenes hablen, incluso sin palabras.

No hay perfección, no hay refinamiento (esto no es “The Heart of the World”). Como buena primera película que se precie, hay dispersión, hay ideas, muchas ideas, frescura, y mucha pasión. Y momentos de gran belleza, como toda la parte del filtro rosa, o ese climax musical con Einar y Gunnar. Sugerir a través de las imágenes. Hacerse preguntas. Equivocarse para aprender. Aprender filmando. Y al final, el pez cortado. Se acabó la fantasía. Se acabó la libertad.

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