FUERZA VITAL

THE GORGON (Terence Fisher, 1964)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on septiembre 28, 2013

—-Jorge Núñez—-

Una vez más, la Hammer fija su mirada en una historia de amor con sus entremeses fantaterroríficos. Carla y Paul se aman pero algo pasa entre sus pelos. Les pica el pelo y por las noches surge en los reflejos una mujer con serpientes en el pelo y una mirada petrificadora. Terence Fisher lo dirige todo de manera excelente, asentándose sobre los embriagadores paseos oníricos por el viejo castillo.

Fisher y la auto-destrucción.
La cámara filma el manto de la mujer del castillo de manera que no hay mañana. El placer recorre ese manto al mismo tiempo que hay una llana solidez. Verde esmeralda, con fondo anaranjado describiendo un paisaje del romanticismo. Verde esmeralda, tocando la fina piel de las serpientes. Verde esmeralda, en su reflejo se desvela como pastiche. Las cabezas y las pelucas, en eterna relación, son el manjar que Fisher devora en “The Gorgon”. En el laboratorio del personaje interpretado por Peter Cushing hay un póster de un cerebro seccionado. Ese póster sirve de fondo para muchas conversaciones y el director británico filma ese objeto como el manto, como la escalera de piedra, como el torso de un hombre musculoso al que le falta la cabeza. Ese torso que se retuerce entre las luces de neblina en el castillo abandonado al que acuden paseantes eternos. El tránsito de personajes es hipnótico, y de nuevo Fisher se atreve a poner en escena lo impenetrable y lo indescriptible. ¿Qué instrucciones dar a la mujer para su actitud ante el poder total de su mirada de por sí? El maquillaje rugoso, el tinte del interior de sus ojos, la larga capa-capucha que termina en un bordeado de nieve, de espuma, de más allá. Los dos amantes caminan hacia el más allá, cegados por el abismo, por el manto de la otra existencia, la fina membrana que conduce a un cine elegante lleno de riqueza sobrenatural, con sinfonía de cuatro notas que se responden unas a otras entre bromas, caminando. El subrayado a los paseos, a esa acción de andar sin principio ni final, sin lugar de dirección, sin dirección de lugar, sino en su curso que se crea un trazo, miras hacia atrás y convertido en piedra. Las estatuas pasean.

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