FUERZA VITAL

VIRUS (HELL OF THE LIVING DEAD) (Bruno Mattei & Claudio Fragasso, 1980)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on octubre 10, 2013

—-Jorge Núñez—-

El gran agujero del fracaso que, a ritmo de teclados escalonados y locos de Goblin, me va sumiendo en una gruta hipnótica del desamparo. No hay esperanza. No hay futuro. Las manos y los dientes abren caminos nuevos, atraviesan las ropas y se producen salpicones sangrientos, uno tras otro. La película de Fragasso y Mattei propone una fisicidad con una novedad: es una fisicidad ruda pero somnolienta. Los cuerpos azulados la conocen y la proponen, se rasgan la cara, el pelo se mezcla con carnes y los zooms dan terror. “Virus (Hell of the living dead)” es una película que ofrece constantemente soluciones a las trampas del cine de zombis. Mediante las herramientas de la etnografía, Bruno Mattei y Fragasso confeccionan unos efectos narrativos distópicos donde ello se cierra en un círculo. Con unos protagonistas esquivos el engarce de la identificación se nubla. Es aquí donde surge la oscuridad de esta película. En el trayecto desde la fábrica hasta la selva pasando por el asedio a la mansión se proponen cuerpos proyectados al infinito. Se engendran las entrañas. La periodista se desabrocha la camisa y enseña las tetas. Ella va a infiltrarse en la tribu para averiguar cosas, y para ello se desnuda y se pinta el cuerpo. En estas secuencias se produce un montaje que aúna material de reportaje de tribus africanas y material de ficción realizado expresamente por Mattei y Fragasso. Ellos, los dos hombres, destacan por su fijación por lo salvaje de la naturaleza. Juzgan y resuelven los diálogos-acciones de manera cortante. No hay tiempo para saltos y por lo tanto los cambios de escenario se producen tajantes, así no se producen, no ha habido tales saltos. ¿De qué hablas?  Estás allí, en la arena de la playa, mientras un grupo de zombis vienen a por nuestra barca, somos los holandeses errantes en “Moonfleet” (Fritz Lang, 1955), hacia la mar que en “Virus” no tiene horizontes. En ese momento del arranque cuando la cámara mira hacia otro lado, el lado por donde van un grupo de zombis. Inmediatamente, por corte, ya es el atardecer y la zodiac llega a la central energética del principio. Esas chimeneas mareantes y azules. Ellas impulsan el ronroneo zombi. Me cortan la mano, me muerden en el muñón, me bebo mi sangre. La periodista mira hacia arriba y bebe la sangre de su compañero, el cámara, al que están devorando en un ascensor. ¿Hacia dónde ha ido el ascensor? Es un ascensor triangular. La flecha de dirección. Las personas arrastran los pies, los han arrastrado mucho por la jungla, por las casas abandonadas en las que los tabiques también funcionan como zombis (por eso hay tantos tabiques rotos en las películas de muertos vivientes). La ranura que faltaba por rellenar era la de la crítica social que ya reside de por sí en este tipo de películas, pero Mattei y Fragasso la subrayan. Para ello se valen de las imágenes de archivo, de revueltas, de carne revuelta, y de un congreso de las Naciones que está desierto. El marrón de los asientos y de los pupitres palpita. En la película está el mundo-fábrica y el mundo-jungla, está Romero y está Deodato. Dos puntos de fuga en una película con dos soles. ¿Horizonte?

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