FUERZA VITAL

OCHO APELLIDOS VASCOS (Emilio Martínez-Lázaro, 2014)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on junio 6, 2014

—-Jorge Núñez—-

Acabo de ver el capítulo 4 de la cuarta temporada de Mad Men. El miércoles vi Ocho apellidos vascos. La escena transcurre envuelta en la idea de bodegón con personas y adoquines. Poquitas personas. Esto hace que se cree una oscuridad silenciosa por donde corre un pequeño aire fresco y entre el cual las miradas de los personajes apuntan al vacío más aterrador. El caserío que es un frasco, más que nunca, y el pueblo costero que es una postal imposible. No porque sea un collage de tres pueblos reales para construir un pueblo llamado Argoitia para la película, sino porque la cualidad fílmica que compone Ocho apellidos vascos es la de una realidad embotellada y ahogada. Recuerdo las propuestas para con los pueblos de John Ford en How green was my valley o The quiet man. El sospechoso silencio de The Truman Show reverbera en la película de Martínez Lázaro. El humor sobrio y plomizo, trabajado por bloques inconexos, hace que la experiencia de la película sea insoportable. Pensar en ella, en toda ella, es abrumador. Y vuelvo a mirar hacia la costa en los pocos planos en los que sale la mar, ella, compañera de viaje de toda la película, y separada por el muro levantado por el aglomerado de gags. Ahí se construye una esfera Sevilla-Argoitia-Sevilla-… que suda la mar de agarrotamiento. Los lugares (el bus, la plaza, el frontón, la taberna, la sidrería, el caserío de uno y otro, el taxi, el puerto, el barco, la ermita, el bar sevillano, el carromato) ofrecen una panorámica abrupta que se colapsa por sus grumos gruesos de caldo de pollo. La energía de la película ha sido aniquilada salvo en la soltura de un experimentado hasta la saciedad Karra Elejalde. Las estridencias del Todo no provoca ni rebosamiento, y así se queda todo en una fermentación loca, embrionaria y poco trabajada. Cuando se hace una película si se pierde de vista al Cine y se atiende demasiado a la taquilla entonces todo es otro coso pringoso. El lugar se forma en mi cabeza como un universo sólido y ausente. Ninguna mirada me interpela, el piano suena y hace que los brazos se agiten suavemente: son los diálogos del presente, la consciencia, el universo ausente.

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