FUERZA VITAL

THE LEOPARD MAN (Jacques Tourneur, 1943)

Posted in Comentarios de pelis by fuerzavital on mayo 11, 2015

—-Jorge Núñez—-

El viento que recorre los exteriores en interiores es hipnótico y calmante. El viento es una manta que arropa a las víctimas antes de ser asesinadas por el felino. El viento compone la escena y da las dimensiones entre las zonas oscuras que él no puede mover. La oscuridad es inmóvil, fango puro anclado en su presente, manta de la muerte, allí de donde nace la luz y sus partículas de hollín. El velo al viento y la harina de maíz esparcida en la tierra, el cementerio amurrallado y los árboles crujientes que cierran el paso de la Luna.

La primera vez no se volvió al lugar de la muerte, pero la segunda vez sí y se comenta que han encontrado un trozo de garra y pelos negros. Es un leopardo distinto, criado en cautividad. The leopard man tiene una sensación pulp distinta a Cat people, anterior película de la dupla Tourneur y Val Lewton -productor de la RKO-. Esta “secuela” es más diurna, y se sitúa en un ambiente más hispano. La humedad de la anterior se olvida y la película conforma una sequedad árida, delimitada por ese maldito viento. Terrorífico. La oscuridad, aquello que el celuloide no alcanza a revelar, es más mortífera que nunca. Muy espesa. No hay tanto virtuosismo romántico en las luces y sombras, y toda la fuerza se centra en una trama funcional, que gira hacia lo sutil en los momentos más adecuados. Esa discontinuidad, desniveles, hace que The leopard man sea muy eficiente, notándose que Tourneur ya va perfeccionando su oficio sin necesidad de arriesgar demasiado. Es cine como entretenimiento que hace traspasar el escalofrío hasta hoy en día. Aquel viento que recorría el plató simulando un desierto lo he vivido hace un momento. Los ojos del leopardo son tan negros como su pelo y como la oscuridad que le rodea. Al dar un salto ha desaparecido, porque cierra los ojos y se mueve hacia ti. Un poco antes, un camarero se duele de unos arañazos en la mano. Esas heridas que luego se vuelven cicatrices, y esas palpitaciones que no cesan, en el interior de las venas, ritmo caliente.

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